jueves, 8 de enero de 2009

LAS CAJAS MISTERIOSAS: TALLER DE ESCRITURA CREATIVA

LAS CAJAS MISTERIOSAS: TALLER DE ESCRITURA CREATIVA Y CONCURSO

El pasado 19 de diciembre, desde el departamento de Lengua castellana y literatura propusimos como actividad extraescolar un taller de escritura grupal. Tras la redacción de los textos, a partir de una serie de consignas (se mostró a los participantes dos cajas distintas y debían anotar qué cosas creían contenían, luego escribir a partir de una de ellas únicamente...); un jurado formado por alumnas de Bachillerato y coordinado por una profesora, decidió qué tres relatos eran los ganadores.

Antes de que cada participante escribiera sus cuentos individualmente, pusimos en común las ideas en torno a lo que las cajas podrían contener. Algunas de esas anotaciones fueron verdaderamente sugerentes:

La caja contiene:

-todos los regalos de todos los niños del mundo

-otra caja, y después otra, así sucesivamente, hasta encontrarte con algo muy, muy pequeño pero que ocupa un lugar enorme en tu corazón

-en la caja está el sueño que nunca se cumplió

-el último suspiro de esperanza que se escondía en aquella caja, aquella caja vieja de mi interior, que significó mi ilusión, mi mundo

-en la caja está el libro que leía de pequeño cuando no dormía

-en la caja están todos mis sueños

-un regalo de un mago, que es más grande que su recipiente

-un reloj roto que mide los sentimientos

-una vela que no prende fuego sino agua

-en la caja está un vaso de agua del Mar Negro

-el poncho que tenía mi abuela cuando me contaba sus cuentos

El propio jurado también quiso participar, y surgieron estas ideas:

-mi primer beso

-la visión de todo mi futuro

-el recuerdo de mi abuela, la pasión por el rojo que ella tenía y un pintalabios que me compré el otro día

-las risas junto a mis amigos y los recuerdos de una infancia triste

-todo lo que quiero saber de mí misma

Y los tres premiados son los que vienen a continuación. Gracias al jurado y a todos los talleristas por vuestra participación. Hubo mucha creatividad.

PRIMER PREMIO

“Ojos de cielo”,

por Patricia Pérez (seudónimo Cath), 4º ESO A



Aquellos ojos fríos eran casi inhumanos. Los recuerdo como si fuera ayer la primera vez que , embobada, los miré. No puedo creer que sean los mismos aunque quizás podrían, pues poseen esas paqueñas y auténticas particularidades que los hacían únicos.Estoy delante de ellos, el hombre que los posee me mira fija y atentamente, no se pierde ninguno de mis movimientos.

Creo que me ha reconocido, aunque sigo pensando que no puede ser él.

Ojos de cielo.

-¡Apunten!

Los soldados cogieron sus fusiles y nos apuntaron, diecisiete niñas, unas más altas, otras menos, morenas, rubias.... les daba igual. Nos apuntaban con sus voraces fusiles cargados de aquel rayo negro que, más tarde e inexorablemente, acabaría con nuestras vidas.

Tensión, en aquel en aquel ambiente tan solo se respiraba un pesado y abrumador aire cargado de presión. Todos o casi todos nos conocíamos, viejos conocidos de la infancia. Me parece demasiado violento, incluso para mí, que un inocente niño, ahora un hombre, me apuntara con aquel arma demoledora.

-¡Fuego!

Aquellas armas gritaron, chillaron el gran estruendo que de un segundo a otro acabaría con nuestras vidas. Aquella gran fuerza oscura se introdujo en mi ser haciendo que me faltara el poco oxígeno, aire cargado de presión que, de vez en cuando, me hacía respirar.

El hombre se acecó a mí, retirando de mi frente mojada por una fría capa de sudor, el pelo que la cubría. Se arrodilló y me miró con aquellos penetrantes e inhumanos ojos.

-Ojos de cielo.

Lo reconocí, era él. Con el último suspiro de mi corazón articulé esas tres palabras que marcaron mi existencia.

Una pequeña caja negra cayó de mi bolsillo al húmedo suelo embarrizado. Era la caja que él me dio siendo aquel dulce niño, la caja que me dijo jamás abriera hasta que no nos volviésemos a encontrar.

Siempre supe, y ahora, ciertamente, que aquella caja contenía su fría mirada. La fría mirada que más tarde, e inexorablemente, acabaría con mi dura existencia.

SEGUNDO PREMIO

“La vida es corta”,

por Fernando Gómez Roda (seudónimo: Alegría), 2º ESO A

Cuando llegué a mi casa después de la víspera de Reyes me encontré con un regalo que ponía mi nombre, era un regalo rojo, grande y con un lazo precioso. Lo abrí y encontré otra caja, y luego otra, así sucesivamente. Ya llevaba un rato hasta que apareció: era un regalo pequeño pero que ocupaba un lugar tremendo en mi corazón; era un llavero con el nombre de mi abuelo. Me lo había regalado hacía un mes, pero yo no le di importancia y lo dejé en una de las esquinas de mi habitación. El día que falleció mi abuelo, fui a mi habitación, lo cogí, lo abrí y me di cuenta de lo importante que era para mí cuando ya se había ido.

Ese día no pegué ojo, tenía el llavero cogido de una mano. Lo apreté tanto y tan fuerte que me salía sangre roja y oscura, de dolor, de rabia...

Cuando tenemos algo delante de nuestros ojos, no lo queremos ver hasta que ya no está. Este es el mensaje de mi cuento.

MENCIÓN HONORÍFICA AL RELATO MÁS ORIGINAL Y ARRIESGADO

“El desacuerdo de un libro y un lector”,

por Álvaro Pérez Ejarque (seudónimo: El ilusionista), 3º ESO D


Por suerte o por desgracia dediqué mi vida a buscar la dichosa caja. Ya no importa el interior de la caja, importa lo que aprendí en la búsqueda.

Todo empezó cuando elegí el libro que no debía.

Me encontraba en una gran biblioteca, frente a una enorme estantería llena de polvo, a los pies de ésta había un viejo libro de un autor desconocido para mí, un tal Razatroc Oiluj. Al abrirlo no encontré nada, era un libro en blanco, con páginas numeradas y, encabezando cada página, el nombre del autor. Las páginas estaban mal numeradas pero la curiosidad que sentía era tan grande que me lo llevé.

La noche estaba cerrada, no tenía dónde ir, pues mi casa estaba en obras y perdí la cartera, así que no pude pagar un motel.

Abrí el libro y apunté todos los números de cada página.Después de estar media hora intentando darle un sentido numérico, pasé a darle un orden lingüístico. Aunque con el abecedario no tenía sentido aparente, con el abecedario al revés, encajó todo a la perfección, formaba el siguiente texto:

“En el el interior del cubo está, aguardando tu llegada, no le hagas esperar en...”.

Las páginas estaban arrancadas, tal fue mi decepción que quemé el libro.

A la mañana siguiente, volví a la biblioteca, pero estaba vacía. Sólo había una caja y en su interior un papel que decía:

“Ideas de Julio Cortázar jamás escritas:

-Cambiar el orden de mi nombre y gastar una broma a un lector desesperado.

-El resto de ideas las publicaré.

-La otra caja será delcubierta con el libro blanco.”

Pero no encontré las cenizas y mucho menos la caja, perdí mi vida o aprendí que un libro “blanco” puede ser la más bella historia, pero se necesita imaginación.

No hay comentarios: